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Hábitos · 5 min de lectura · 17 de junio de 2026

Los cambios grandes empiezan ridículamente pequeños

Solemos imaginar el cambio como un antes y un después dramático. Un lunes nuevo, una versión renovada de nosotros, todo distinto de golpe. Y cuando no sucede así, concluimos que no tenemos disciplina.

El problema no es tu disciplina. Es el tamaño del paso que esperas dar.

Un propósito enorme pide una energía que no siempre tenemos. El día que estás cansado, el plan se cae. Y creeme que habran dias en los que estaras realmente cansado. Y muchas veces dejamos llevarnos por la "emocion", esperamos sentir ese subidon de adrenalina que produce el tener la motivacion para accionar. Y cuando se cae una vez, es más fácil que se caiga la segunda. Así se rompe el ciclo de accionar, no por falta de ganas, sino por exceso de ambición en el arranque.

Lo que sostiene un cambio no es la intensidad. Es la repetición constante, un paso a la vez aun cuando sientas que este paso no te esta llevando a ningun lado.

Si querés leer más, empezá por una página al día. Si querés moverte, empezá por cinco minutos. Tan pequeño que te dé casi vergüenza, tan pequeño que no puedas decir que no, enseñale a tu cerebro a salir de este estado en el que se mueve por la emocion, asi es como se crea la disciplina.

La meta de las primeras semanas no es avanzar mucho. Es no romper la cadena. Que tu cuerpo y tu cabeza registren: esto es algo que yo hago.

Una vez que el hábito existe, crece solo. Pero primero tiene que existir. Y para eso tiene que ser tan chico que sea imposible fallar.

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